“Los niños de Camboya”
“Alguien me dijo una vez que con tristeza no era normal ni recomendable vivir, y no le hice caso…seguí en mis trece de aferrarme a ese sentimiento romántico de melancolía de los clasicos, del que hablaba la revista Magazine en uno de sus números. Efectivamente, me sentía a gusto en ella, despreciando momentos mucho más sanos o felices que aquellos…
Hasta que un rayo de luz me hizo despertar de mi hechizo romántico y caer en la tentación de involucrarme un poquito más de lo que pasa en el mundo. Guerras, víctimas, hambre y violaciones, que consentidas como las de Camboya, parece que fueran un poco más normal…en ellas, las propias familias intercambian los favores por sustento. Como si de un trueque clásico se tratara, como si la mercancía pudieran ser esos niños sin niñez.
Una organización, leo, vigila estas prácticas, pero quizás son demasiadas para unos pocos observadores que se atreven a denunciarlas en un país con un toque de componente sexual.
Leyendo ese artículo, me pregunté: ¿dónde quedan entonces mi melancolía y mis libros de poemas románticos?. Adornan sus lomos mi estantería pero no son actuales.
Prefiero, aunque sólo sea con esta carta, decir que no estoy de acuerdo, que me parece mal que en el mundo se sigan cometiendo estas cosas…y, aunque de poco sirva y yo sea pequeñita, muchas voces pueden clamar que no están de acuerdo, y cuando vayamos por allí, quizás actuemos de rezagados observadores”.
Maribel Castells (Cádiz)
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